Al doctor Jottin Cury (In Memoriam)
Hasta sus últimas horas de vida, don Jottin fue un ejemplo de laboriosidad profesional e intelectual. Su extensa e intensa carrera como abogado y jurista, y su insaciable curiosidad por el estudio de las ciencias jurídicas, hicieron de él un monumento viviente de sabiduría en la disciplina del derecho, sobre todo en la materia civil y procesal civil.
El talento del doctor Cury para el estudio y la práctica del derecho, así como su atildado y ético ejercicio profesional, lo colocaron en un sitial de honor y prestigio entre los grandes juristas dominicanos.
Sin lugar a dudas que no puede escribirse la historia de la práctica forense y judicial de la República Dominicana sin reservarle páginas de oro a la figura y al ejercicio profesional de éste ilustre civilista nacido en la hermosa ciudad sureña de Barahona.
Quienes ocasionalmente lo vimos analizar asuntos jurídicos complejos, podemos dejar constancia que el autor de las obras “Los Recursos” y “Formularios de Procedimiento Civil Dominicano”, contaba con una inteligencia portentosa capaz de solucionar el más enmarañado de los casos con la agudeza y la precisión de los grandes maestros.
En el plano político y académico, igualmente se trató de un personaje que ocupa una posición de honor y distinción en la historia democrática dominicana contemporánea.
Su destacada participación en la guerra de abril de 1965 lo llevó a ocupar el importante cargo de canciller del gobierno constitucionalista que encabezó Francisco Alberto Caamaño Deño, y su férreo compromiso con el regreso a la constitucionalidad conculcada y la defensa de la soberanía nacional, le hicieron acreedor del adjetivo histórico conocido como “el canciller de hierro”.
Culminado ese período histórico, resultó electo diputado por el Partido Revolucionario Dominicano para el cuatrienio 1966-1970, dejando sus huellas de jurista excepcional no sólo en los trabajos de revisión constitucional, sino en muchas otras iniciativas legislativas.
Posteriormente resultó electo rector de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), en el difícil período de gobierno de los doce años, destacándose por su defensa por las libertades públicas y los derechos de los líderes estudiantiles que fueron víctimas de la represión militar y la intolerancia política imperantes.
De su labor en la academia varias promociones de abogados dan testimonio de las dotes pedagógicas y dialécticas que siempre adornaron al doctor Jottin Cury. Y es que, al compartir con los jóvenes además de dispensarle el más receptivo y dulce de los tratos, se interesaba siempre por enseñarles y orientarlos en los asuntos legales, históricos, políticos y profesionales.
Su pluma sabia, elegante, pulcra, vibrante, aguda, siempre estuvo presente en los debates jurídicos, políticos, sociales y culturales que se suscitaron en los últimos cincuenta años de la vida pública nacional.
En cada uno de sus artículos periodísticos se puede apreciar el buen gusto, la profundidad de pensamiento, la elegancia expositiva, el excelso dominio gramatical y el estilo depurado de la prosa que sólo pueden exhibir los muy versados y poseedores de una amplia cultura.
Como admirador de su trayectoria y de su estilo expositivo, siempre que tuve oportunidad le animé para que escribiera sus memorias a los fines de que su valiosa carrera profesional como jurista, político e intelectual quedara plasmada como un legado documental y referencial histórico para las futuras generaciones. Pero siempre me respondió con la misma expresión: “Barinas, es que ya estoy un poco cansado para eso”.
No obstante su avanzada edad, las veces que le visitamos en su residencia, siempre se encontraba en el estudio donde se aloja su interesante y atiborrada biblioteca, y nos comentaba el contenido del libro de historia o de política más actualizado que se había publicado en el país, cuando no, evocaba la temática de alguna obra clásica de la literatura universal.
Don Jottin fue un jurista y hombre público de grandes virtudes y cualidades, y sus amplias luces intelectuales le permitieron desarrollarse en la vida pública más a la luz de la tolerancia y de las ideas, que al calor de la confrontación personal o ideológica.
Su tolerancia y vocación de servicio lo llevaron a servirle a país desde la función pública en el gobierno del Consejo de Estado de 1962, y posteriormente dos años como Consultor Jurídico del Poder Ejecutivo en la administración del doctor Balaguer de 1986-1990, cargo del cual renunció luego de dos años de haberlo desempeñado.
Su ideario político lo posicionaron como un hombre de pensamiento liberal avanzado, defensor de las libertades públicas, el Estado de derecho y los valores democráticos, pero también de un sistema económico y social justo y equitativo en el que debía prevalecer un Estado-Nación soberano e independiente.
El amor patrio que caracterizó la vida del doctor Jottin Cury lo llevaron a estudiar y conocer profundamente la historia nacional. De ahí que siempre expresara a sus amigos su indignación cuando tenía información de la comisión de escándalos de corrupción pública, o cuando desde los distintos gobiernos se adoptaban medidas que entendía no favorecían al pueblo dominicano.
Maestro, patriota ilustre y comprometido, servidor público, educador, escritor, intelectual y amigo, descanse en paz, que sus conciudadanos y la historia le reconocen desde ya sus trascendentales aportes a la nación, a la cultura y al derecho dominicano.
(Publicado en AlMomento.Net en fecha 13 de junio de 2011).
(Publicado en AlMomento.Net en fecha 13 de junio de 2011).
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