Una tragedia que avergüenza
Todo suicidio consterna a la parte sana de la sociedad. Me refiero a los seres humanos que apreciamos y valoramos la vida en todas sus manifestaciones, sobre todo la vida de las personas honorables, honestas, trabajadoras y útiles a la comunidad.
Si
quien comete suicidio es un hombre joven, profesional y dedicado a su
familia, del cual dependen económicamente otros seres humanos, el hecho
resulta no sólo penoso, sino preocupante. ¿Cómo
se desenvolverán los hijos y su esposa ? ¿Quién costeará la
alimentación, la educación, la salud, la vivienda, más todos los demás
gastos que conlleva el desarrollo de una familia en los actuales
momentos ?. ¿Podrán recuperarse afectiva y psicológicamente los hijos
de semejante acontecimiento?.
El
suicidio del arquitecto contratista David Rodríguez García, de 40 años,
en la sede de la Oficina Supervisora de Obras del Estado, ubicada
frente al Palacio Presidencial, constituye una verdadera tragedia que
ha impactado a la sociedad dominicana, no sólo a su esposa, a sus tres
hijos, a sus amigos y colegas que le conocieron.
Hace
unos cuantos años atrás ya había habido una serie de suicidios de
ingenieros contratistas del Estado, agobiados por las deudas y los
acreedores, porque no se le pagaban a tiempo las cubicaciones.
Y
es que los motivos por el que el arquitecto Rodríguez se quitó la vida
deben mover a una profunda revisión de los mecanismos institucionales y
de pago del Estado dominicano, que lamentablemente se ha caracterizado
históricamente por ser mala paga, no sólo con los ingenieros y
arquitectos contratistas, sino con sus acreedores y suplidores, con las
personas que les han expropiado bienes inmuebles, con los empleados del
servicio exterior, etc, lo cual resulta ser un contrasentido en un
Estado que promueve una economía capitalista.
En
este caso no parece haber sido el atraso en el pago de las cubicaciones
el motivo del suicidio del arquitecto Rodríguez García, sino la
extorsión de parte de funcionarios de la Oficina de Ingenieros
Supervisores de Obras del Estado (OISOE), lo cual también ha sido una
práctica de corrupción denunciada constantemente a la largo de los años.
El
malogrado arquitecto escribió varios de los nombres de los funcionarios
de esa dependencia estatal que alegadamente se dedicaban a prestar
dinero a altas tasas de interés a los ingenieros y arquitectos
contratistas de la institución, lo cual en sí mismo constituye un acto
de corrupción prohibido por la Ley de Función Pública y tipificado como
delito por el Código Penal.
Ojalá
que las investigaciones de ese caso terminen con una respuesta
institucional satisfactoria tanto para la familia del señor Rodríguez
como para la sociedad en su conjunto.
Y
es que conmueve las condiciones en que vivía el arquitecto David
Rodríguez García y su familia, no obstante haber estado trabajando en el
diseño y construcción de obras públicas con presupuestos millonarios, y
ser un profesional brillante según el testimonio de sus profesores y
colegas.
Se
trataba de un profesional de la arquitectura honorable, honesto y
capaz, del cual dependían económicamente su esposa enferma y sus tres
hijos, y quien ni siquiera vehículo propio tenía.
De
comprobarse que este profesional fue extorsionado y que funcionarios de
la OISOE le retenían los pagos para financiarle las cubicaciones a
altos intereses, lo cual motivaría su suicidio, tendría que esperarse de
las autoridades judiciales una respuesta lo suficientemente
ejemplarizante y aleccionadora para el país.
En
lo que el Ministerio Público y los tribunales investigan y dirimen este
bochornoso caso, es de esperarse que los organismos de control y
vigilancia del Estado sean reformados a los fines de que situaciones
como las que se han denunciado en la OISOE se puedan detectar y evitar
con mayor eficiencia.
Y
es que las instituciones que manejan los mayores presupuestos del
Estado y las que pagan recursos públicos deben de contar con
procedimientos y protocolos lo suficientemente diáfanos y transparentes
que sean de difícil vulneración.
Los
pagos a los suplidores y contratistas del Estado deberían de tener un
calendario de pago institucionalizado conforme a lo que estipulan los
contratos de servicios y las condiciones establecidas en el pliego de
condiciones de los concursos públicos.
Debe
de trabajarse más a fondo para que los pagos a los contratistas y
suplidores del Estado no dependan de las influencias políticas y
personales, ni mucho menos del pago de comisiones u otras
irregularidades como las denunciadas por el fallecido arquitecto.
Creo
que el gobierno del Presidente Medina ha llevado a cabo reformas
institucionales tendentes a transparentar la administración financiera
del Estado y a democratizar los procesos de asignación de obras
públicas, tan monopolizados y manipulados tradicionalmente por unas
cuantas manos.
No
obstante, el escándalo que ha destapado el suicidio del arquitecto
Rodríguez García debe mover a una revisión a fondo de los procesos de
pago de los contratistas, suplidores y acreedores del Estado en sentido
general, porque todo el que rinde una labor en beneficio del mismo debe
recibir su compensación a tiempo y sin ningún tipo de condicionamientos
reñidos con la Constitución, las leyes, la moral y la ética.
El
gobierno debe hacer un esfuerzo mayor en ese sentido, y si es necesario
suprimir la OISOE y otras muchas instituciones del Estado que
efectivamente realizan duplicación de funciones en distintas áreas.
Seguramente,
la sociedad dominicana agradecerá que se perfeccionen los mecanismos
institucionales que por años se han prestado a corruptelas, extorsión y
tráfico de influencias, así como si se eliminan una serie de organismos
estatales que se han caracterizado por el dispendio y el mal uso de los
recursos del pueblo dominicano.
Publicado en AlMomento.Net el 14 de octubre de 2015
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