Privatización del patrimonio público
Por Erick Barinas
Soy de los
dominicanos que ansía profundamente el desarrollo económico, social, cultural,
institucional y político de nuestro pueblo, por lo que no me opongo a la
inversión extranjera, a la inmigración extranjera productiva, al crecimiento del turismo, al
buen uso de los recursos naturales y mineros, y a la proliferación de la
empresa privada.
Ahora bien,
el fomento de la empresa privada y del capitalismo, por supuesto, no implica
que no existan límites constitucionales, legales e institucionales para que los
ciudadanos no se vean impedidos de disfrutar a plenitud de los bienes de
dominio público que conforman el patrimonio del Estado, y por tanto, de todo el
pueblo dominicano.
Ese es el
caso de monumentos públicos como el de Los Héroes de la Restauración, en
Santiago de los Caballeros, en el cual se ha pensado arrendar su segundo nivel a
inversionistas privados para instalar allí un restaurante.
El atractivo más interesante de ese monumento es precisamente la visita de la
gente, de los dominicanos y los turistas, a todos los niveles de la edificación,
para disfrutar de la vista única que brinda hacia el valle del Cibao.
Desde que se
arriende a manos privadas uno de los niveles del mismo para
fines comerciales, se afectaría no sólo su estructura, sino que se limitaría el acceso a ese
nivel de cientos de personas que regularmente lo visitan.
El
Ministro
de Cultura dijo en su momento que la idea de arrendar el segundo nivel
del Monumento a los Héroes de La Restauración, procuraría recaudar
fondos para el mantenimiento del mismo, ya que resulta insuficiente
la asignación de los recursos del Estado para ello.
Pero evidentemente
que hay muchas otras soluciones posibles para poder recaudar esos recursos que
hacen falta, como sería cobrar una tarifa adecuada de entrada, establecer
alguna tasa a la cantidad considerable de restaurantes y negocios que se han
instalado alrededor de la edificación y que se benefician del público que
diariamente visitan el monumento, entre muchas otras.
Y es que la
solución que se ha pensado para resolver el problema no es la más adecuada, y de hecho ha encontrado un
rechazo generalizado, y no sólo en la población de Santiago.
Frecuentemente
ocurre que el desarrollo económico se pretende lograr con el fomento de un
capitalismo salvaje y a cualquier precio, sacrificando otros bienes y derechos
colectivos, así como el patrimonio público, del que todos los dominicanos somos
acreedores sin importar nuestra condición económica o social.
Un caso particularmente penoso es el que ha ocurrido con las playas y la franja
marina de nuestro país.
Todos los
gobierno post-Trujillo han cedido prácticamente toda la franja marina a los
hoteles y a los constructores privados, desde Boca Chica hasta Punta Cana, y lo
que hace algunos lustros eran playas de libre acceso a la población, hoy día
son playas prácticamente privatizadas, porque sólo pueden acceder a las mejores partes de ellas
quienes se hospedan en uno de esos negocios hoteleros, o aquellos propietarios
de casas y apartamentos edificados frente a las mismas.
A Juan Dolio
sólo han dejado apenas un tramo, porque ya toda la franja marina la ocupan
condominios de lujo edificados a algunos metros de la playa. Sólo por dos o tres
servidumbres de paso se puede acceder a algunas partes de la playa.
No hablemos
de Bávaro, Puerto Plata, Punta Cana y Bávaro, y más recientemente de Samaná, Portillo
y Bayahibe, donde el acceso a grandes extensiones de playa sólo es posible para
quienes se alojan en alguno de los grandes hoteles edificados a pocos metros de
sus hermosas playas.
Que
conste
que no estoy abogando porque esos hoteles sean destruidos, dejen de
operar, ni
mucho menos, pero entiendo que los gobiernos y el Congreso Nacional
deben de implementar políticas
claras para que el desarrollo turístico y hotelero no se siga
implementando
sobre la base del sacrificio de los derechos colectivos inherentes al
resto de
la población del país, que debe poder disfrutar de las playas
dominicanas sin
necesidad de alojarse varios días en un hotel, ni pagar tarifas que
están por encima de las posibilidades económicas de la mayoría de la
gente.
Y es que esa
situación ha sido debidamente regulada en México, Brasil y muchos otros países
que ofrecen sus playas como atractivo turístico, donde el desarrollo hotelero
se ha planificado de forma tal que no se ha copado toda la franja marina, ni se
ha impedido el acceso a las playas a sus respectivas poblaciones.
Lo mismo debe
ocurrir con los bordes de los ríos, ya que en Jarabacoa y otros municipios
montañosos también se puede observar que se ha permitido la construcción de
hoteles que impiden completamente el acceso de la población a esos balnearios.
Y es que los
recursos naturales y el patrimonio público no pueden continuar siendo
explotados sin límites y regulación por unos cuantos capitales, mayoritariamente extranjeros, en
detrimento del derecho a su uso y disfrute por parte de todos los dominicanos.
Publicado en AlMomento.net el 27 de julio de 2016.
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