Carta a mi hijo Erick José


Amado hijo:

Te deseo toda la felicidad posible, y que tengas una larga vida, saludable, placentera, repleta de alegría y satisfacciones.

También deseo que cada centavo que produzcas en tu vida lo obtengas con esfuerzo y trabajo honesto, sin engañar a nadie, no importa las veces que te engañen a ti.

Esfuérzate por llevar una vida sin envidia ni mezquindades, respetando cabalmente la propiedad, el trabajo y el esfuerzo ajeno. Rodéate siempre de personas laboriosas y sinceras.

En las sociedades consumistas como la nuestra, hay muchas personas que compiten constantemente por exhibir poder, dinero y cosas materiales. Aléjate de ellas, nunca te dejes atrapar por ese juego vano, insano, fútil y peligroso, propio de espíritus infelices, enanos e incultos.

Preocúpate por superarte a ti mismo, admira, reconoce y emula al que tiene más talento, capacidad, conocimiento y habilidad que tú, pero no sientas envidia ni codicies las posesiones de los demás, y tendrás felicidad y libertad de espíritu.

No procrees por experimentar, ni por presión social, solo hasta que sepas que estás preparado para sacrificarte y para mantener y educar a tu descendencia con responsabilidad, atención y afecto. Mejor no la tengas si no puedes cumplir con esa enorme y compleja responsabilidad, y si no puedes colocar a tus hijos en la cúspide de tus prioridades.

Conserva el alma noble que tienes, pero escoge muy bien a tus amigos y relacionados, y cuídate mucho de la mentira, la hipocresía, los vicios, los vagos y los habladores.

Leer y estudiar la historia nacional y universal te ayudará a entender cuál ha sido y sigue siendo la naturaleza de una buena parte de los seres humanos, pero también te aportará conocimientos y herramientas que te servirán para forjar tu carácter y lidiar en la sociedad.

De lo más valioso que te legaré es mi modesta biblioteca, en la cual encontrarás algunas joyas de la historia y la literatura clásica y dominicana, que espero leas y asimiles. Leyendo cultivaras tu espíritu y tu inteligencia, y cosecharas muchos frutos y satisfacciones.

Si estudias leyes, como tu padre, tu abuelo y muchos otros parientes, cuando ejerzas la profesión hazlo sin atropellar los derechos de nadie, cuídate de hacer daño a los demás, mucho más si son personas inocentes, pero defiende con integridad, dedicación, diligencia y firmeza los derechos e intereses de quienes han confiado en tus servicios. Nunca defraudes a nadie, mucho menos a un cliente.

Si escoges servir en el Estado, debes hacerlo sabiendo que se trata de una carrera muy sacrificada en la que no hay posibilidad de obtener riqueza material, por lo que debes renunciar a aspirar a ello mientras sirves, haciéndolo con total y absoluta integridad y honestidad, vocación de servicio, dedicación y respeto por la Constitución, las leyes y la ética.

El servicio público no es una carrera exenta de trapisondas, mezquindades, mediocridades e ingratitudes en la que el mérito personal y la honestidad muchas veces no se toman en cuenta, y en la que, probablemente, al finalizarla, el único reconocimiento que recibirás será una pensión de miseria, la tranquilidad de tu conciencia y la satisfacción del deber cumplido.

Aunque sirvas en un medio social corrompido e injusto, lucha permanentemente por no corromperte tú. Debes ser prudente y controlar la ambición y la codicia, que son malas consejeras, y trata de llevar un estilo de vida modesto y sin ostentaciones, aunque seas materialmente rico.

Recuerda que nada vale más en la vida que tu paz, tu tranquilidad de espíritu y tu buen nombre.

Mientras puedas conoce otros países y culturas, aprenderás y disfrutarás mucho, al tiempo que apreciarás y valorarás mejor a las personas y a las cosas buenas y valiosas de tu país y tu cultura.

Ten presente los buenos ejemplos de tu familia y de la historia de tu país y de la humanidad. Espero poder hablarte en abundancia de ellos, pero deseo dejar plasmadas estas ideas porque nadie sabe cuando desaparecerá de este mundo, y puedo partir de manera inesperada en cualquier momento, como ocurrió con mi querido y admirado padre, tu abuelo, el Dr. Erick Francisco José Barinas Robles, quien estaría muy orgulloso de ti, como lo estoy yo, tu madre, tu abuela y toda tu familia.


Te adora, tu padre, 

Erick Barinas. 
7 de abril de 2018.

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