Problemas estructurales agravados
Por Erick Barinas
Pese
a la construcción de túneles y elevados en diversos puntos del gran Santo
Domingo, así como del Metro de Santo Domingo a un costo multimillonario en
dólares y euros, el problema del
tránsito vehicular en los últimos años, lejos de apalearse, adquiere hoy por
hoy características de caos, sin que se observe la implementación de medidas
efectivas que tiendan a organizarlo.
La
vida de todos los ciudadanos que tenemos que cumplir un horario de trabajo, llevar
y buscar los hijos al colegio, y cumplir una serie de tareas y diligencias
cotidianas como ir al supermercado, pagar los servicios básicos, echar
combustible, etc., se hace cada vez más estresante, angustiosa y mucho más
costosa por el gran entaponamiento de vehículos que afecta prácticamente a todas las avenidas y calles de
Santo Domingo.
Movilizarnos
de nuestros hogares hoy en día significa un gasto cada vez más oneroso, no sólo
por el elevado precio que los dominicanos pagamos por cada galón de combustible,
sino porque hace unos años gastábamos un galón de gasolina para recorrer unos
kilómetros, pero en la actualidad consumimos por lo menos dos galones para
recorrer igual distancia, dado los tapones que padecemos diariamente y casi a
todas horas.
El
problema del tránsito ha devenido pues en estructural y mayúsculo, por lo que
requiere de soluciones e inversiones inmediatas, a mediano y largo plazo, así
como de un cambio de visión para la solución del mismo. Y es que, por ejemplo,
mientras no hay prácticamente un sólo semáforo "inteligente"
funcionando en la capital dominicana, la mayoría de los ciudadanos estamos
consumiendo miles y miles de pesos innecesariamente, en detrimento del
presupuesto familiar.
Ese
consumo excesivo e innecesario de combustible no sólo afecta la economía
familiar y empresarial, sino también afecta las finanzas públicas y la economía
del país, porque evidentemente demandamos mucho más petróleo y combustibles, y
por lo tanto, mucho más divisas para pagar dichos productos importados.
Esas
consecuencias del problema del tránsito nos conduce a otros dos problemas importantes
que también se pueden considerar "estructurales", y que de alguna
manera se relacionan entre sí.
Uno
es el problema de los bajos salarios que devenga la inmensa mayoría de los
trabajadores y profesionales dominicanos, tanto en el sector público como en el
privado, lo cual revela la inequitativa distribución de la riqueza que existe
en la República Dominicana, reconocido tanto por los organismos internacionales
como por el propio presidente de la República en su momento. Y el otro grave
problema es el de la deuda pública externa.
En
cuanto al primero, justo es reconocer que el Presidente Danilo Medina hizo un
esfuerzo por mejorar un poco las retribuciones de algunos sectores laborales,
como en el caso del aumento de los salarios de los maestros, de los médicos y
de una parte de los miembros de la Policía Nacional, pero lamentablemente esos
aumentos fueron parciales, y en el caso de los agentes y miembros de la Policía,
insuficientes.
No
obstante el incremento en los sueldos que efectuó el presente gobierno a una
parte de los integrantes de la Policía Nacional, los salarios actuales de la
mayoría de los agentes, miembros, docentes y pensionados de dicha institución
en modo alguno guardan relación con el costo de la llamada "canasta
familiar", y en muchos casos, inexplicablemente, sus ingresos son mucho
menores que sus pares en el Ejército.
En
ese orden de ideas, no puede hablarse de distribución equitativa de la riqueza
y de una mejoría en la calidad de vida de los trabajadores y de los dominicanos
en general cuando se incrementan constantemente los precios de las viviendas, de
los combustibles, de la energía eléctrica, de los alimentos, de los útiles
escolares y la matrícula educativa a nivel preuniversitario y universitario, de
los servicios médicos, etc., y por el otro, los salarios de la inmensa mayoría
de los trabajadores y servidores del Estado se mantienen congelados por años y
su poder adquisitivo se corresponde con el costo de la vida de principios de
los años noventa.
En
la República Dominicana no sólo se paga uno de los más altos porcentajes del
Impuesto sobre la Renta en América Latina, sino también del ITEBIS, del
Selectivo al Consumo y de los aranceles de importación, así como de impuestos
indirectos como el impuesto a los combustibles que se emplea esencialmente para
amortizar el pago de la creciente deuda externa.
La
carga impositiva que paga la clase media dominicana de manera directa e
indirecta es enorme y la mantiene asfixiada por cuanto sus ingresos no se
corresponden con el alto costo de los servicios y de los impuestos que debe de
pagar.
Acerca
del preocupante problema de la deuda externa, la cual aumentó en un 13.6% en un
año, desde abril de 2016 a abril de 2017,
es decir, en unos cinco mil y tanto millones de dólares, alcanzando el
51. 2 % del PIB, entendemos que de seguir esa tendencia se convertirá en un
asunto inmanejable, lo que conllevaría a nuevos incrementos impositivos, ya sea
a través de paquetes fiscales aprobados mediante leyes dictadas por el Congreso,
o a través de medidas administrativas que incrementen las tasas por servicios,
como de hecho se ha venido haciendo en varias instituciones del Estado, como el
Ministerio de Interior y Policía, la Dirección de Migración y muchas otras.
Sin
ánimo de ser pesimista, sino más bien realista, y mirando un poco "más
allá de la curva", entiendo que los tres problemas señalados, el caos en
el transporte y el tránsito vehicular, el problema de la distribución de la
riqueza a través de una política salarial justa y equitativa, y el problema de
la deuda pública externa, constituyen una especie de espada de Damocles para el
progreso y el bienestar de la mayoría de la población dominicana, por cuanto es
la clase trabajadora y la clase media la que, en definitiva, paga por la falta
de solución y el agravamiento de los mismos.
Publicado en AlMomento.Net el 3 de julio de 2018.
Publicado en AlMomento.Net el 3 de julio de 2018.
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