Cambios que se esperan (2)
Desde que en nuestro país se promulgó la Ley No. 41-08, sobre
Función Pública, se inició un proceso de consolidación del servicio civil y la
carrera administrativa, el cual ha incluido la incorporación de unos 90,000
servidores al referido sistema de carrera, políticas de profesionalización y
especialización de funcionarios y servidores del Estado, y publicación de la
nómina de las instituciones en sus respectivos portales, entre otras políticas
y medidas.
Sin embargo, según cifras recientemente reveladas por técnicos del
área, hoy día apenas un 52 por ciento de la nómina pública han sido
incorporados al sistema de carrera administrativa, lo cual innegablemente
requiere de un esfuerzo institucional por parte del nuevo gobierno que
presidirá el Lic. Luis Abinader.
Incorporar a todos aquellos servidores que deben pertenecer a
la carrera administrativa, es cumplir con el objetivo esencial que
se persigue con esa legislación, que no es otro que el de la institucionalización
de las funciones públicas en la República Dominicana.
El otro de los objetivos que procura dicha ley es la protección
de los derechos fundamentales de los ciudadanos, por cuanto cada dominicano
tiene el derecho constitucional de ocupar un cargo público en su país,
pertenecer a la carrera administrativa y gozar de estabilidad laboral sin
sufrir ningún tipo de discriminación, ni ideológica, religiosa, política ni de
ningún otro género, en la medida de las posibilidades de oferta de empleo que tenga
el Estado y en la medida que cada ciudadano cumpla con el perfil y los
requisitos legales para desempeñar cada función dentro de sus diferentes
instituciones.
Tal es
la protección jurídica que tienen los servidores y funcionarios públicos de
carrera, que el artículo 145 de la Constitución dispone lo
siguiente: “Protección de la Función Pública. La separación de
servidores públicos que pertenezcan a la Carrera Administrativa en violación al
régimen de la Función Pública, será considerada como un acto contrario a la
Constitución y a la ley”.
Contrario
a lo que ha sido la tradición política en nuestro país, y a lo que piensa una
parte de nuestros dirigentes políticos, no es posible lograr la
institucionalidad y la eficiencia en los organismos del Estado si no es sobre
la base del respeto al sistema de carrera administrativa y al estatuto de
función pública, que no solo contempla derechos para los servidores y
funcionarios públicos de carrera.
La Ley
de Función Pública también contempla obligaciones, prohibiciones,
incompatibilidades y un régimen disciplinario que, por cierto, requiere que se
perfeccione y se fortalezca, dado que en muchas instituciones se suele actuar
con arbitrariedad y se vulneran los procedimientos disciplinarios que establece
la ley y sus reglamentos de aplicación en perjuicio de los derechos de los
servidores públicos.
Y es que
ningún país que cuente con instituciones sólidas y que brinden un servicio
eficiente a sus ciudadanos ha logrado elevar sus estándares de calidad y transparencia
sin que sus gobiernos respeten y consoliden un sistema de carrera
administrativa y un estatuto de función pública como el que establece la
Constitución dominicana en sus artículos 138, 142, 143, 144, 145, 146, 147 y
148, así como la Ley Núm. 41-08 sobre Función Pública.
Por su parte, un problema que requiere especial y permanente
atención, y que fue uno de los temas más abordados por el presidente electo
Luis Abinader en la campaña electoral, lo es el de la seguridad
ciudadana.
No obstante, resulta quimérico alcanzar logros significativos en
esa materia sin mejorar sustancialmente las condiciones de vida de los agentes
y miembros de la Policía Nacional y sin eliminar las arbitrariedades y
discrecionalidades que se suelen cometer en esa institución con relación a los
salarios, compensaciones y ascensos.
Allí suele ocurrir, por ejemplo, que dos agentes con el mismo
rango devengan salarios e incentivos distintos, y el que tiene más
responsabilidades es quien devenga menores ingresos, mientras el que recibe
mayores ingresos no desempeña ninguna función y se encuentra trabajando en
un empleo privado.
A pesar de algunos avances apreciables y del esfuerzo que ha
hecho en los últimos años el actual director general de esa institución,
la profundización de la reforma de la Policía Nacional, sobre todo en el
aspecto administrativo, financiero, académico, y en la gestión humana de su
personal, es una de las tareas más importantes que debe asumir el próximo
gobierno y las próximas autoridades del Ministerio de Interior y Policía.
Ojalá se lleve definitivamente la justicia social, la equidad y
la igualdad a una institución que ha sido históricamente la cenicienta
del Estado dominicano en materia salarial y de seguridad social, al tiempo que
se logre implementar un sistema de ascensos exclusivamente en base a los
méritos académicos, profesionales y laborales de sus miembros.
El Estado dominicano sigue siendo una especie de Leviatán en el
cual coexisten una cantidad enorme de instituciones, organismos, direcciones y departamentos
inoperantes que muchas veces ejercen duplicidad de funciones.
Esto requiere que se eliminen muchos de estos organismos, tal
como anunció el presidente electo que se haría con la Oficina Supervisora de
Obras del Estado, piedra de escándalo en diferentes gobiernos.
Un ámbito del Estado que requiere de una reforma profunda es el
servicio exterior, porque constituye una vergüenza nacional, en un país con
tantos problemas económicos y sociales, el despilfarro de recursos públicos que
implica la cantidad de vicecónsules, consejeros, embajadores ante organismos
internacionales y demás cargos diplomáticos y consulares que se encuentran
recibiendo cuantiosos salarios en dólares sin desempeñar funciones y sin
siquiera haber recibido la acreditación correspondiente del país ante el cual
fueron nombrados.
El servicio exterior requiere que la cantidad de diplomáticos y
funcionarios consulares que se designen en él se circunscriba al
límite establecido por la ley, a las necesidades del país y a la racionalidad
administrativa y financiera de un Estado pequeño y con recursos financieros
limitados como el nuestro.
Igualmente, el servicio exterior demanda que se respete el
sistema de carrera diplomática y que se nombren en sus diferentes cargos a
profesionales idóneos que realmente estén en condiciones de rendir un servicio
eficiente al país.
Se debe erradicar definitivamente del servicio exterior y de
todo el Estado dominicano la práctica de designar a personas que cobran un
cheque mensual sin rendir ninguna labor, así como de nombrar a personas que no
cumplen con el perfil profesional para desempeñar una determinada función
pública.
En el ámbito de la justicia, el presidente electo ha dado una
señal positiva al anunciar que desea designar a un procurador o procuradora
general de la república “independiente”, es decir, que no sea un dirigente
político de su partido, lo cual es una decisión saludable desde el punto de
vista institucional.
El país cuenta con profesionales del derecho idóneos y honestos
para desempeñar esa función. En el propio ministerio público hay mujeres y
hombres que han hecho una carrera de años y que tienen los méritos para ocupar
esa posición, y no hay por qué dudar que realizarían una labor profesional,
objetiva y ajustada al ordenamiento jurídico y a la ética desde un cargo con
funciones tan delicadas.
Por su parte, a partir del mes de diciembre próximo
corresponderá al Consejo Nacional de la Magistratura escoger a los nuevos
miembros de la Junta Central Electoral y a cuatro jueces del Tribunal
Constitucional.
Los que creemos en el fortalecimiento de las instituciones y en
la imparcialidad e independencia que deben tener los integrantes de los órganos
jurisdiccionales, esperamos que, contrario a lo que ha ocurrido en otras
ocasiones en que se han designado a dirigentes o activistas políticos
reconocidos en las denominadas altas cortes, en esta ocasión el presidente
electo mantenga la misma línea institucional que ha mantenido con relación al
máximo titular del Ministerio Público, y logre organizar y dirigir un concurso
público en el que los profesionales del derecho sin vínculos partidistas que
participen en el mismo puedan sentir que serán evaluados con objetividad y en
base a sus méritos profesionales y personales exclusivamente, y no, que desde
semanas antes del concurso circule el listado de los que serán
designados.
Un cambio que no requiere de inversión financiera pero que
resulta medular para el desarrollo de la nación, de la institucionalidad del
Estado, de la justicia y de la democracia dominicana, es sencillamente que el
nuevo gobierno se proponga que todos sus funcionarios cumplan con el mandato de
la Constitución y las leyes, y que, en consecuencia, se destituya al que no
cumpla con ese deber fundamental consagrado en el texto sustantivo.
Solo con que se adopte esa actitud por parte de los altos
funcionarios del nuevo gobierno avanzaremos enormemente como sociedad. Si
las funciones públicas se asumen con ese compromiso, se acabaría, por ejemplo,
con el espionaje telefónico desde el Estado, entre otras prácticas violatorias
de la Constitución, las leyes y los derechos fundamentales.
Los dominicanos a quienes nos duele la suerte de nuestro país y
de nuestros conciudadanos debemos desear mucha suerte al presidente Luis
Abinader y al nuevo gobierno que inicia su gestión el próximo 16 de
agosto.
El pueblo dominicano espera muchos cambios y reformas
importantes que vayan en favor de una sociedad más justa, libre, organizada, institucionalizada y
civilizada.
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